miércoles, abril 30

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Hace frío.

lunes, abril 7

Miedo

No les voy a hacer una clase de moral, ni tampoco de biología. Debo suponer, para bien o mal, que todos ustedes se encuentran lo suicientemente informados y si no que al menos tienen convicciones o ideas respecto a los temas, así que me referiré a aspectos acerca del Levonorgestrel y la reciente decisión del Tribunal Constitucional para su prohibición de expendio en los servicios de salud públicos, que no tienen necesaria relación con estos temas.

Sueno y me leo árido al plantearlo, sin las otras consideraciones de la mano, pero quizas no lo es tanto y es necesario purificar la discusión para hacer ver que otras cosas están en juego. Más o menos, porque así frío frío no va a salir lo que diga.
Hace años en una fiesta entre amigos la abuela de la anfitriona salió en medio de nuestra conversación para preguntarle a la Natalia (la mejor amiga de la anfitriona) si sus padres irían a buscarla. Ella respondió que no, pues estaban fuera de Santiago y que no era necesario pues habían acordado que ella se quedaría ahí. La Natalia, dijo esa señora ante todos nosotros, tiene mucha libertad, y tanta libertad... es peligrosa. Fin del asunto.



Ella me viene a la memoria como el argumento fascista clásico sobre el porque es necesario restringir las libertades civiles: porque la gente se sube por el chorro, porque la gente necesita que ledigan las cosas, porque la gente no sabe lo que a ellos les conviene y por eso decidimos por ellos, porque la gente con libertad es peligrosa.

Esa última frase funciona con un partido único y una proscripción general de cualquier otra idea que haga peligrar el orden imperante. Que sepa en Chile existe la libertad de reunión, de formar partidos políticos, de culto, etc. como evolución natural de un regimen que se dice a sí mismo democrático.

El fallo del TC que aún no sale publicado (aparece el 22 de abril si no me equivoco) tiene la perspectiva de ser profundamente inconstitucional en su redacción. Restringe el acceso universal a un medicamento bajo la premisa del riesgo (esto es aceptable, de hecho en materias medioambientales por ejemplo el riesgo y la incertidumbre es algo aceptado por la ley) de promover un delito con ello (el aborto, mal nos pese, sigue siendo delito). El problema inicial radica en que su adquisición en el comercio no está prohibida, luego el resguardo del TC se hace humo cuando hay una parte de la población que sigue accediendo a ella violando con ello el principio de igualdad ante la ley y acentuándo la diferencia cuando sólo quien tiene los recursos para adquirir la pastillita puede efectivamente hacerlo y dejando en un estado de indefensión absoluta a quienes pudieron obtenerla por servicios de salud pues no tienen los recursos para adquirirla en el comercio.

Ese riesgo, esa incertidumbre es argumento jurídico cuando es pareja, cuando se aplica para todos y no algunos. O acaso una mujer con recursos va a tomar la pastilla para evitar una ovulación y una mujer que va al consultorio toma la pastilla para abortar? Es claro que se toma partido y es necesario, pero estas verdades a medias no son opción claramente.

Por otro lado y mucho más importante es preocupante la existencia de un tribunal con tanto poder a cuestas, con carácter jurisdiccional, pero de integración cuasipolítica, donde un puñado de personas tiene facultades de decisión sobre lo que podemos o dejamos de hacer con sólo decir si es o no es constitucional, nuestra democracia se acaba al momento de que las leyes pasan por ellos, desde que otro puñado de representantes populares decide requerir al tribunal para que se pronuncie sobre cosas que seguro afectan a un número de personas basados en convicciones morales y sin consideración mínima a las libertades individuales.

El sentido de la democracia se acaba cuando yo no puedo elegir. Es cierto y necesario que la libertad viene aparejada de obligaciones deberes y esta misma libertad viene de la mano de limitaciones a su ejercicio. Pero restringir la libertad es de una barbaridad tal que debiera hacernos sentir a todos que somos unos retardados, unos infantes o que se yo. O la otra alternativa, que efectivamente estamos a merced de unos pocos que creen que libres somos peligrosos.

Y tenemos miedo, miedo de ejercer nuestro derecho a pataleo, miedo a una democracia más moderna que ponga en un margen mucho más acotado instituciones como esta. Sufrimos de un exceso de constitucionalismo que nos ahoga y que provoca que todas las garantías choquen constantemente. El derecho a la vida como lo entienden los autodenominados pro-vida, debiera comprenderse entonces como las jainas en la India que barren con una escoba todos los acaros y bichos que pudieren pisar y usar mascarillas para no tragarlos tampoco. Y el derecho a la autodeterminación sexual es algo que no tendría cabida porque el sexo es sucio, sirve para procrear y no para el placer, donde hasta masturbarse sería pecado, ¿no ve que en el papel y luego por la taza del baño o el papelero se va una posibilidad de vida?

Entonces jurídicamente volvemos a 20 años atrás en lugar de avanzar otros tantos y reconocer en la libertad individual la capacidad de decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestra sexualidad, sobre nuestra capacidad de raciocinio y todo por el miedo de una coalición inutil que se niega a hacer cambios constitucionales profundos (lo de 2005 y Lagos es para la foto) y evitar que cosas así sucedan. Echarle la culpa a la derecha es politiquería y falta de visión de Estado, los otros no hicieron nada por evitarlo. Somos una sociedad de mierda, sin cojones y mojigata.